El Diario La Nación publicó el último
estudio realizado por el profesor Dr. Héctor Vera, realizado junto con el
sociólogo Dante Castillo, titulado "Conductas Electorales Presidenciales de
Ricos y de Pobres en Chile".
Fuente: Diario La Nación
En medio del clima
electoral y previo a la segunda vuelta presidencial, el académico Dr. Héctor
Vera preparó un análisis sobre conducta que tienen los electores al elegir un
Presidente de la República,
durante las elecciones de 1989 hasta la primera vuelta del proceso que
actualmente vivimos, en diciembre de 2009.
Previo a la divulgación de
este estudio, el Diario La
Nación también publicó otro sobre el escenario político y
social que se produciría si Eduardo Frei o Sebastián Piñera fuese electo
presidente el próximo 17 de enero, titulado “Entre el despotismo legal y la
democracia progresista ”.
A continuación, se presenta el
trabajo “Conductas Electorales Presidenciales de Ricos y de Pobres en
Chile ”, para la lectura de la comunidad de la Escuela de Periodismo
USACH.
CONDUCTAS ELECTORALES PRESIDENCIALES DE RICOS Y DE POBRES EN CHILE
ECONOMÍA Y CIUDADANÍA
Las condiciones de vida materiales, según las evidencias
proporcionadas por diferentes indicadores internacionales, señalan que la
población chilena en los últimos veinte años ha incrementado sosteniblemente su
nivel de vida.
Esta situación se ha manifestado en una mejoría radical en el
acceso a bienes y servicios de consumo, como a infraestructura y equipamiento
público y privado. En términos absolutos, esta transformación, liderada por la
hoy discutida Concertación de Partidos por la Democracia, ha sido tan
radical y transversal, que prácticamente ningún grupo socioeconómico estaría
dispuesto a cambiar sus privilegios actuales, por los que ostentaba hace dos
décadas, pese a la reconocida mala distribución del ingreso nacional y
concentración del poder económico.
Pese a este contexto, aun cuando se apele a las semejanzas y
diferencias del proceso de democratización chileno, con otras experiencias
europeas o latinoamericanas, estos antecedentes no son suficientes para
explicar el limitado reconocimiento político que la Concertación ha
logrado capitalizar en el imaginario nacional, especialmente cuando se compara
la evolución que ha tenido el candidato concertacionista en primera vuelta,
considerando las lecciones de 1989
a 2009.
Condiciones de la ciudadanía
Entre las condiciones principales que explican el creciente
desapego electoral a la
Concertación, se pueden puntualizar, al menos, en tres
ámbitos:
1. El cuadro constitucional, es decir, las grandes reglas del
juego social y político, han seguido siendo sustantivamente las mismas que dejó
Augusto Pinochet. Sin embargo, los espacios legales alternativos fueron
desaprovechados, en beneficio de una desproporcionada visión técnica y economicista.
Todas las reformas importantes han salido con complicadas
negociaciones con la derecha, desvirtuándolas en su naturaleza y objetivos.
Tomemos el caso del movimiento de los “pingüinos”. Éste mostró la frustración
social contenida y la creatividad de los jóvenes, así como el estado de
abandono de la educación pública. El gobierno responde con un proyecto de ley
de reforma de la LOCE,
que consolida la privatización, denunciada por los jóvenes como principal
factor de mal servicio. Ante la agudización del conflicto se promete una nueva
ley de resguardo de la educación pública. Esta ley sigue pendiente. A los
obstáculos legislativos de las reformas se une una pérdida por parte del
gobierno de la orientación ideológica de la educación.
Otro ejemplo, de cómo la Constitución es un obstáculo serio al proceso
democrático es la exclusión de la ciudadanía de los chilenos en el extranjero y
el modelo binominal. Uno de los pocos países del mundo donde no tienen derecho
a voto los nacionales viviendo en el extranjero, es Chile. Junto a ello, el
modelo binominal tiende, por estrategias electorales, a disminuir o aumentar
ficticiamente la representación que tienen los partidos políticos.
2. Otro factor es la explosión de expectativas que ha generado la
natural aspiración que acompaña el sostenido crecimiento económico. A éste se
le suma el discurso populista de la derecha: “Un millón de empleos para un país
con setecientos mil cesantes, mejor educación, más protección social y más
salud que en los gobiernos concertacionistas”. Esto no puede sino que ser un
caldo de cultivo para el descontento actual y nido de futuros conflictos.
3. En tercer lugar, está la compleja relación entre desarrollo
económico y percepción ciudadana. Para este efecto se realizó un análisis que
relaciona la pertenencia socioeconómica de ricos y de pobres con la conducta
electoral.
Para ello se procesaron las bases de datos del Servicio Electoral,
a partir de las elecciones presidenciales de 1989 a la fecha, comparando
los niveles de adhesión que ha convocado históricamente el candidato de la Concertación en la
primera vuelta.
Paralelamente, para efectos de ajuste al modelo de análisis
utilizado, se procedió a construir dos conglomerados de votantes, agrupados en
función del nivel socioeconómico promedio de las comunas de la Región metropolitana. De
esta forma se obtuvo un grupo homogéneo y representativo de votantes de nivel
socioeconómico alto y otro de nivel bajo. Las comunas seleccionadas fueron:
Cerro Navia, La Granja,
La Pintana,
Las Condes, Providencia, Renca, San Ramón y Vitacura.
Comparando la evolución del voto de nivel alto, la tendencia es la
disminución de la adhesión al candidato concertacionista. De hecho, mientras en
el año 1989, 35,8% de los votantes de estratos altos apoyó al ex Presidente
Patricio Aylwin. En el año 2005 la cifra disminuyó a 26,9% para la actual
Presidenta Michelle Bachelet. Hasta llegar a 15,8%, con Eduardo Frei
Ruiz-Tagle.
Los electores de los niveles socioeconómicos bajos también
muestran una tendencia a la baja en el apoyo a la candidatura presidencial de la Concertación. Entre
las elecciones de 1989 y 1993, existen pocas diferencias, atribuible a que en
la elección de 1989 sólo habían dos candidatos. En el año 1999, 54,2% del
electorado de los estratos bajos votó por el ex Presidente Ricardo Lagos en
primera vuelta, situación que muestra una disminución significativa respecto de
lo observado en las dos elecciones presidenciales anteriores. Una de las
hipótesis sugiere que parte de los electores de la centroderecha “desconfiaban”
del candidato socialista. La que puede ser interpretada desde varios sentidos.
Comparando el desempeño del candidato concertacionista entre las
elecciones de 1999 y las de 2005 en primera vuelta, también es posible observar
una relativa baja porcentual. Es decir, la candidatura de Michelle Bachelet fue
levemente inferior a la votación de Lagos. En el caso de la elección del 13 de
diciembre, la votación filtrada por nivel socioeconómico mostró que en los
estratos bajos la adhesión al candidato Eduardo Frei disminuyó al 32,6%
Considerando que por primera vez, luego del fin de la dictadura,
el candidato de la
Concertación compite con otro representante del mismo sector
o “sensibilidad”, a saber, Marco Enríquez-Ominami, se puede inferir que este
factor explica esta caída en la votación. Pues, Marco obtuvo 24,09% en el
estrato socioeconómico bajo, mientras que en el alto llegó a 11,54%.
En consecuencia, estas tendencias en el comportamiento del
electorado de ricos y pobres, hacia los candidatos de la Concertación, está
evidenciando el desajuste entre la valoración ciudadana de mejoras
socioeconómicas y el desencanto o insatisfacción de expectativas ciudadanas.
¿Es posible que Eduardo Frei pueda ser electo en enero próximo?
Al menos desde el punto de vista de las comparaciones y tendencias
electorales, la posibilidad es real. El cuadro Nº 3 así lo demuestra.
Comparando el apoyo del universo de electores de estratos
económicos altos y bajos que apoyaron a la Concertación, los
porcentajes son semejantes entre Michelle Bachelet y Eduardo Frei Ruiz-Tagle en
primera vuelta. Por lo tanto, desde el comportamiento estadístico, los dos
sectores socioeconómicos muestran que las opciones del candidato Frei siguen
intactas.
Al desagregar la votación por nivel socioeconómico, Michelle
Bachelet obtuvo un 51,9% en los estratos bajos y sumando las votaciones de Frei
y Marco Enríquez-Ominami, la cifra aumenta a 56,49%. Esta información indica
que Frei necesitaría capturar 18 de los 24 puntos que logró Enríquez-Ominami en
este sector. Un panorama que también se advierte en los sectores altos, donde
los porcentajes sumados de ambos candidatos superan su desempeño histórico.
Desafíos políticos para la Concertación
Para enfrentar la dificultad en la “retribución electoral” de la Concertación, ésta
debe buscarse principalmente en la dimensión simbólica, sin olvidar el
contenido ético y las acciones sociales. Desde la aparición de “El Príncipe”,
sabemos que la esfera política puede desvincularse de las esferas ética o
económica. Mientras que desde Foucault, la política ha sido develada como un
discurso, un espacio en disputa que espera ser llenado por los significados de
quienes buscan ganar la confianza de los electores.
La Concertación no ha logrado una
equivalencia entre crecimiento socioeconómico y percepción ciudadana. Por el
contrario, esta tarea la omitió y la dejó a merced de la inercia de las
corrientes neoliberales, que en oleadas han llegado a nuestro país. La Concertación ha sido
errática en la conducción de una transformación sociocultural.
Una evidencia concreta del descuido por la labor ideológica se
refleja claramente en la escasa prioridad que se le otorgó a los medios de
comunicación que originalmente fueron parte de su apoyo comunicacional.
Actualmente, la política comunicacional de los gobiernos de la Concertación son la
antítesis del esfuerzo y representación que ha mantenido la derecha y la
centroderecha chilena.
Desde el primer gobierno de la Concertación, se
muestra una escasa voluntad e inteligencia para estimular la creación de medios
de comunicación y se explica por el valor económico que se le asigna a su
gestión y viabilidad económica, más que por la necesidad, tal como ocurre en
los países capitalistas desarrollados, de mantener la presencia discursiva, de
todos los sectores que contribuyen a la reflexión y construcción de una
ciudadanía pluralista y democrática.
De este estudio se infiere que será perentorio que el Estado
garantice mayor pluralismo y diversidad de los medios de comunicación, dado su
impacto en la hegemonía y disputa ideológica. También es urgente incrementar la
discusión y reflexión ciudadana por los sentidos que están detrás de las
decisiones técnicas, especialmente en el ámbito de las condiciones laborales.
La agenda progresista no puede reducirse a la factibilidad técnica
de los proyectos nacionales. Por ejemplo, la educación pública no puede ser
evaluada sólo por su rentabilidad financiera, dado que lo más importante es que
sea capaz de asegurar la construcción de una ciudadanía heterogénea,
responsable y defensora de sus objetivos y definiciones estratégicas.
Tal cual como están las cosas, si la Concertación gana las
elecciones y no hace cambios radicales a nivel ideológico, o si Piñera gana las
elecciones presidenciales en segunda vuelta, lo más probable es que la sociedad
chilena girará a gobiernos autoritarios o populistas. La responsabilidad de un
próximo gobierno de la
Concertación dice relación con la capacidad que tendrá para
aglutinar a todos los sectores políticos que le dieron su apoyo y a todos los
electores que aun cuando están desencantados, prefieren el “mal menor”.
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